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EL ESCRITOR RUSSELL EDWARDS DESCUBRE A JACK EL DESTRIPADOR

10/09/14.-Si uno se tomase enserio a todas las personas que han investigado la figura de Jack el Destripador, llegaría a una conclusión inquietante: el Londres de 1888 debía de estar abarrotado de individuos dispuestos a aventurarse por calles lóbregas y miserables de Whitechapel para matar de una forma salvaje a alguna prostituta. Prácticamnete no pasa un año sin que aparezca alguna teoría nueva sobre la identidad de aquel criminal misterioso que asesinó a cinco mujeres en poco más de dos meses, entre el 31 de agosto y el 9 de noviembre, y entre las hipótesis que se han ido acumulando se cuentan sospechosos tan inesperados como el escritor Lewis Carol o el nieto de la reina Victoria, además de unas cuantas señoras.
Así que, al menos a Russell Edwards hay que agradecerle que no proponga nuevas conjeturas, ni trate de asombrar con especulaciones peregrinas. Este hombre de negocios y "detective de sofá" publica "Naming Jack The Ripper", un libro en el que asegura haber identificado "de manera definitiva, categórica y absoluta" al esquivo asesino. Sus hallazgos no obligan a añadir ningún nombre a la interminable lista: lo que ha logrado Edwards, o lo que dice haber logrado, es demostrar de manera científica que el autor de los crímenes fue Aaron Kosminski, un judío polaco que siempre estuvo en el punto de mira de la Policía y que incluso fue reconocido en su momento por un testigo.
Edwards es casi un recién llegado a la "jackología". Se aficionó al tema en 2001 después de ver la película "From Hell", y ya desesperaba de descubrir nada cuando, seis años más tarde, se enteró de que salía a subasta una pieza muy codiciada en el mundillo: el chal ensangrentado que supuestamente se encontró junto a los restos de Catherine Eddowes, penúltima víctima del Destripador. Está más o menos admitido que el chal se lo quedó el sargento que se encontraba de guardia la noche de autos, y continuó en manos de su familia hasta que Ewards lo adquirió por una suma que no está dispuesto a confesar. Su propósito era certificar que, efectivamente, la prenda procedía de la escena del crimen, para lo que enroló en su investigación a Jari Louhelainen, un biólogo molecular finlandés que trabaja en la universidad John Moores de liverpool.

SEMEN EN EL TEJIDO
Louhelainen extrajo ADN mitocondrial de las manchas de sangre del chal, que en teoría no se ha lavado jamás, y comparó este material genético con el de una descendiente de la desventurada víctima. Obtuvo un positivo perfecto. Las pesquisas tomaron un giro sorprendente cuando el profesor encontró semen en el tejido: los investigadores ya daban por hecho que el chal no podía pertenecer a la prostituta, puesto que era un adorno demasiado caro para una mujer que invertía en bebida hasta su última moneda, así que estos restos biológicos tenían que corresponder al mismísimo Jack el Destripdor. Como las hechuras de la prenda remiten al este de Europa, decidieron centrarse en Aaron Kosminski: lograron dar con una descendiente suya, un reto nada fácil, y comprobaron que el ADN concordaba.
La vida angustiosa y desgraciada de Aaron Kosminski se conoce con bastante detalle. Nació en Klodawa, que entonces formaba parte del imperio ruso, y creció en hogar muy pobre, donde al parecer sufrió los abusos sexuales de su padrastro. La familia llegó a Londres en 1882, huyendo de los pogromos que siguieron al asesinato del zar Alejndro II. En 1888, Aaron tenía 22 o 23 años y vivía con dos hermanos y una hermana en Greenfield Street, cerca de donde se produjeron las andanzas de Jack el Destripador. En algún momento desempeñó el oficio de barbero, pero su salud mental se deterioró muy rápido: a partir de 1890, empezó a obsesionarse con la idea de que podía ver lo que estaban haciendo todos los habitantes de la tierra. No se lavaba y se negaba a ingerir cualquier alimento que le diesen otras personas, así que buscaba comida tirada por las calles. Pasó por un par de manicomios y murió en 1919, con 53 años.
"A partir de ahora, solo los incrédulos que quieren perpetuar el mito dudarán", se ha enorgullecido Russell Edwards. Pero, en realidad, su obra se ha recibido con más escepticismo que aplausos: los científicos preguntan por qué Louhelainen no ha sometido su trabajo a la evaluación de sus pares, en lugar de presentarlo en el "Daily Mail", y hablan del riesgo de contaminación cruzada y de la escasa fiabilidad del chal, que ha pasado por conferencias sobre Jack el destripador y ha sido manipulado por cientos o quizá miles de personas.
"Seguramente-argumenta uno de los críticos- mi ADN también está en él". Que no insista mucho, porque lo mismo acaba en una lista de sospechosos.

OTRAS POSIBILIDADES
Montague John Druitt:
Maestro y abogado. A finales de 1888 perdió su puesto en la escuela y su cuerpo apareció en el Támesis.
Michael Ostrog:
Timador nacido en Rusia que empleaba distintos arias.
Francis Tumblety:
Este curandero estadounidense nacido en Irlanda cierra la lista de los "cuatro sospechosos genuinos" de la Policía londinense.
Otros:
Se ha señalado como posibles "Jacks" a más de cien personajes, como el pintor Walter Sickert, el escritor Lewis Carroll, el médico real William Gull o el príncipe Alberto, nieto de la reina Victoria.
(Noticia de Carlos Benito aparecida en el dairio Montañés el 9-09-2014).



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