INICIO QUIÉNES SOMOS TIENDA NOTICIAS CONTACTO MI CUENTA AYUDA
NOTICIAS
¿QUIÉN TIENE LA ÚLTIMA PALABRA?

01/10/14.-Kafka se hizo escritor para llevar la contraria a su padre, y ahora el mundo parece llevarle la contraria a él. Su obra publicada en vida fue rematadamente inferior al gran tonelaje de títulos y páginas que tras su muerte se han sucedido a pesar de que ordenó quemar todos sus manuscritos. Su amigo Max Brod ignoró su petición y gracias a que faltó a su palabra la literatura actual conoce monumentos como "El Proceso" o "El castillo". ¿Se puede reprobar a Brod haber frustrado los deseos del escritor checo? ¿Quién es el dueño de la palabra una vez que se ha dicho o escrito, su autor o el lector al que buscan sin remedio las frases?.
Nada puede frenar esa necesidad de ser leída que tiene la palabra sobre un papel, pero si a eso se le añaden los royalties que pueden alcanzar la literatura que llega más allá de la muerte, entonces el debate está servido. Editores, familiares, herederos y hasta un portero de edificio se adueñan de textos que el autor dejó inacabados, desechados o sencillamente inéditos. ¿Negocio o justicia literaria? Hay de todo, la verdad, pero de lo que no hay duda es de que la literatura póstuma es casi un género en si mismo que se mueve entre el oportunismo editorial, el milagro del hallazgo y el morbo de lo esotérico: no deja de ser emocionante escuchar la voz de un muerto con la radical singularidad de hacerlo como si estuviera vivo. Algo así ha sucedido esta semana con el brillante regalo inacabado que dejó a Ana María Matute a sus lectores en "Demonios familiares". Se presentó este pasado martes y un día después, en Lisboa, lo mismo sucedía con José Saramago y el título que lleva sus últimas palabras, "Alabardas". Lo que iba a ser una novela sobre una fábrica de munición es un ensayo trufado de ilustraciones que recupera las escasas páginas que le dio tiempo a escribir.
Ningún escritor puede descansar en paz porque las palabras escritas nunca dejan de hablar. Es más, incluso a veces provocan el nacimiento de una voz que, en lo físico, está muerta. Le sucedió al joven John K. toole, quien tras escribir una titánica novela en los 60 no fue capaz de publicarla. Aquello le sumió en una profunda depresión; y mientras el ahora mítico personaje Ignatius Reilli palpitaba en los manuscritos de su casa, el joven escritor se quitaba la vida. Fue la madre del propio Toole la que consiguió, diez años después, y a base de coraje e insistencia, que se publicara "La conjura de los necios". El libro póstumo de su hijo ganó el premio Pulitzer un año después en 1981. También la madre de Sylvia Plath tuvo algo que decir en la reedición de su hija, aunque en el caso de la poeta norteamericana fue su marido, el también escritor Ted Hughes, el que rescató y publicó los versos de su esposa, que se quitó la vida con 30 años. Si la madre recuperó las cartas que había mantenido vía correspondencia con su casa en un volumen que vio la luz en 1974, su "Poesía completa" reunida por Hughes se hizo con el Pulitzer en 1982. Su marido gestionó el legado literario de Plath, no sin polémicas y hubo que esperar a su muerte para que se publicaran los diarios de la escritora, de los cuales Hughes había destruido el último de los volúmenes. ¿Tenía derecho a hacerlo? ¿Tenía derecho Kafka a pedirle a su amigo que quemara todos sus manuscritos? Juzgar a un amigo por no hacerlo es algo que se escapa de una sentencia sencilla.
Desde el presente se impone el agradecimiento pero ¿qué decir entonces de ese portero que recuperó de la basura esa caja en la que Truman Capote había guardado todo el material que descartó para ser publicado? Sucedió en 1966. Ese año Capote se mudó de su piso de Brooklyn y abandonó mucho material en dicha caja. Su portero anduvo listo y lo recuperó, y años después, en 2004, aquella caja fue subastada en Sotheby´s. Su valor económico es lo de menos porque ahí dentro estaba "Crucero de verano" en el que Capote había trabajado ocasionalmente, desde 1943 y durante una década, hasta abandonarlo del todo.

CAJAS ABANDONADAS
Sin duda las cajas, maletas o cajones son fuentes inagotables de hallazgos; en una se encontró el texto inédito sobre el que trabajaba Albert Camus cuando se mató en un accidente en 1960. Lo encontraron entre restos de vehículo siniestrado en el que viajaba el Nobel galo. Se trataba de "El primer hombre" y permaneció inédito hasta 1994. Otro encuentro sorpresivo rodea también a "Suite francesa", de Irene Nemirovsky. Era 2004 y fue sin duda uno de los momentos literarios más intensos vividos en Francia ya que la autora, asesinada en los campos de concentración nazi de Auschwitz, volvía a la vida contra la barbarie con el que es uno de sus mejores libros. De hecho, ese mismo año recibió el Premio Renaudot a título póstumo.
La cuestión ética entra también en juego cuando el propio autor pide que se publique pero no se respeta como hacerlo. Cuenta el editor Jorge Herralde en su libro "Para Roberto Bolaño", cómo fue recuperar la mastodóntica obra que catapultó al estrellato popular al escritor chileno, fallecido en 2003 de forma prematura por una insuficiencia hepática. Bolaño había dejado más de mil páginas de una obra que, según recuerda el responsable de anagrama, quiso que se publicaran primero en un único volumen para luego decidir que saliera como una pentalogía, es decir, en cinco tomos distintos "para asegurar el futuro económico de sus hijos". La edición finalmente salió unida. Herralde calificó esta decisión de "salomónica" ya que también se publicó por separado en otra colección de la editorial en formato más económico. ¿Es lo que hubiera querido? conjeturas mediante, saberlo es además de imposible, inútil, porque su obra ya está colocada en la cabecera editorial generando beneficios. Al menos su obra estaba terminada, como sucedió con otro de los pelotazos póstumos, el de Stieg Larsson y su trilogía protagonizada por Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist. Ahora, a falta de recompensas (según la editorial destino la saga ha llegado a 4 millones de lectores en España y en el mundo a 75 millones), el escritor sueco David Lagercrantz escribirá una cuarta entrega de la saga de Millenium, a iniciativa de su agente. Está previsto que vea la luz en agosto de 2015, exactamente diez años después de la publicación en Suecia de "Los hombres que no amaban a las mujeres".
Reescribir o no, esa es la cuestión, aunque casi todos los libros se publican inacabados, porque el fin último es lo que contienen y no lo que cuentan. Sin embargo, el hijo de Ernest Hemingway, Patrick Hemingway, no debió de pensar igual y se lanzó a publicar "Al romper el alba" con resultado fallido. El Nobel estadounidense que en vida disfrutó del reconocimiento, no llegó a ver uno de sus mayores éxitos: "París es una fiesta" se publicó en 1964, dos años después de que el autor se disparase con su escopeta Richardson. Esta muerte prematura llena su catálogo de obras póstumas, como "Isla a la deriva"(1972) o "El jardín del Edén" que empezó a escribir en 1946 pero vio la luz en 1986.

SIN PUNTO FINAL
A pesar de todo el marketing argumental, lo que impera detrás de estas publicaciones póstumas es el deseo de hacer inmortal y aún más grande el nombre literario del autor. Y de eso se encargan quienes salvaguardan con honestidad el legado de los autores, quienes bucean entre anotaciones de sus seres queridos para hacer del mapa de ideas su destino guiado. Esta es la tarea de Olga Lucas, viuda del economista y escritor José Luis San Pedro, de quien recuperó material inédito, fragmentos de pensamiento e ideas para convertirlas en el libro póstumo del pensador: "Sala de espera". "Que el legado de José Luis San Pedro no se olvide, que su obra se lea y que siga viva, porque es un referente que nos hace mucha falta" dijo entonces la viuda, que cumplía así el cometido encargado por el autor de "La sonrisa etrusca".
Saramago también hizo lo propio con su legado literario, y así se entiende el último título en sumarse a este catálogo póstumo que recupera, como pepitas de oro, las palabras dispersas que quedan de los que ya no están.
"¡Alabradas, Alabardas!,¡Espigardas, Espigardas!" es un libro inacabado en el que el Nobel portugués había comenzado a trabajar a finales del 2009 y había proseguido en febrero del 2010, pero cuatro meses después falleció en Lanzarote.
Es un ejemplo más de como el pensamiento agradece esa vuelta a la vida de los que tienen aún mensaje y que suena y resuena en el presente. Así sucede con Pablo Neruda y su contundente "Confieso que he vivido", publicado en 1974, un año después de su muerte. Es un diario en prosa aunque bien parecen versos que estiran para llegar hasta nuestros días con la conciencia y el pensamiento fresco; como recién escritos, como si nunca hubieran sido su última palabra.
(Reportaje de Marta San Miguel aparecido en El Diario montañés el 26-09-2014).


Volver
inicio   |   quiénes somos   |   tienda   |   noticias   |   contacto   |   mi cuenta   |   ayuda   |   condiciones de uso y aviso legal