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NO SOY UNA POBRE NIÑA RICA

16/01/15.-No esconde que su madre nunca le hizo demasiado caso. Ni a ella ni a su hermano. "Supongo que no éramos muy interesantes", dice. A lo que añade: "Vale, puede que me hubiera gustado que me hicieran un poco más de caso, pero una no elige donde nace". Milena Busquets utiliza esa frase a menudo. La utiliza como una especie de escudo. Una no elige donde nace y por eso no debe juzgársela. No debe juzgarse su obsesión por la ropa ni que para ella sea lo más normal del mundo salir a navegar. Lo era para su madre, la, en palabras de Jorge Herralde, editor y buen amigo, "imponente" Esther Tusquets, primero editora y después escritora, amante de la prosa retorcida de Claude Simon, y protagonista de la segunda novela de Milena, "También esto pasará" (Anagrama/Amsterdam), "una carta de amor", en sus propias palabras, a su madre. Una carta de amor con aspecto de puñado de páginas arrancadas de un diario. El diario que Blanca, alter ego, sin demasiados desvíos, de la propia Milena, habría empezado a escribir exactamente 34 días después de la muerte de su madre.

La novela, a ratos frívola, a ratos intensamente profunda, es una exploración de la pérdida, una pérdida que es como un agujero negro y a la que se impone el mundo real, representado por nada menos que un paraíso perdido, Cadaqués, para la protagonista imagen congelada de su infancia y de todos los buenos momentos compartidos con su madre, de la que aún conserva una vieja chaqueta de lana, que solía ponerse para estar por casa y que aún, dice, debe oler a ella. "No, para mí no ha sido una terapia escribirla. De hecho, escribir no sirve para nada. A mí no me ha servido para nada. La pena es la misma", dice la autora. Para la protagonista también sigue siéndolo, aunque ella consigue dejar atrás parte de su pasado. "La muerte de la madre desencadena una serie de finales en su vida, finales necesarios, como el fin de su aventura con un hombre casado", cuenta Milena, que prefiere a Marcel Proust a Claude Simon y que no estaba pensando en el escabroso y brutal "Una muerte muy dulce", de Simone de Beauvoir, suerte de memorias de su relación con su madre, cuando se puso a escribir "También esto pasará". Que simplemente pensó que tenía que poner por escrito lo que sentía, escribirle, por qué no, una última carta a su madre.

"En casa solíamos escribir cartas. Cuando teníamos que decirnos algo importante, lo decíamos por carta. Era cosa de mi madre. Siempre lo había hecho así. Pero sólo lo hacía con las cosas serias. Por eso cuando tocaba a la puerta de tu habitación y te entregaba una carta, temblabas, porque seguro que habías hecho algo mal", recuerda. Dice que la relación que mantiene con sus hijos no tiene nada que ver con la que mantuvo con su madre. "La nuestra fue una relación fría, muy del siglo XIX. Mi relación con mis hijos es mucho más física, más del siglo XXI", dice. Y se pregunta qué clase de adultos serán sus hijos en el futuro, creciendo como lo están haciendo. En la novela, Blanca también se lo pregunta. Y hay cierta crítica respecto a la sociedad contemporánea, en éste y en otros muchos sentidos. Porque la novela también es un retrato de época, y de una generación, la de los hijos de la gauche divine. "No me considero para nada una pobre niña rica, ni comparto esa idea de que fuimos pobres niños ricos porque nuestros padres no nos hicieron caso", insiste. "Opino de la generación de mi madre que lo hacían todo con una pasión que hoy no existe. Hoy estamos como adormecidos", asegura.

Milena ríe, ríe mucho. Y aún no puede creerse que su hondo relato de pérdida se haya convertido (o esté a punto de hacerlo) en un best-seller mundial. "Todo lo que ha pasado desde que empecé a escribir el libro es surrealista", dice. Sobre todo, que se haya vendido a 29 editoriales, incluida un pequeño sello vietnamita. "¿Y ahora qué?", se pregunta. ¿Seguir escribiendo? "Sí, voy a intentar seguir escribiendo. De hecho, ya tengo una idea para lo próximo. Pero veremos qué tal sale. Me cuesta muchísimo escribir. Pero supongo que escribir siempre es difícil", contesta. ¿Y qué hay del pudor? ¿Sintió pudor en algún momento por todo lo que cuenta? "No, cuando escribes es como cuando te enamoras, te das por completo", dice, aunque, de todas formas, se apresura a añadir, "lo considero un libro bastante púdico". Bastante púdico pese a lo mucho que se habla de sexo; o a pesar de que la protagonista trata de huir de su dolor buscando brazos (fuertes) que la sostengan mientras se repite una y otra vez que no hay nada como el primer amor y que su primer amor fue su madre. "Durante un tiempo fui incapaz de abrir un libro porque todos me recordaban a ella y sigo sin poder pisar Cadaqués", confiesa. Supone que todo pasará, pero aún no lo ha hecho, aún sigue doliendo.
(Artículo de Laura Fernández aparecido en El Mundo el 15-01-2015)


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