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"LOS CUENTOS DE LA PESTE", MARIO VARGAS LLOSA TRAS LAS HUELLAS DE BOCACCIO

23/01/15.-«Mario se ha escrito un personaje -explica Aitana Sánchez-Gijón- para que lo interpretara un actor de la talla de Alfredo Alcón, por ejemplo. La experiencia en los espectáculos anteriores lo ha hecho más osado y más valiente -quizás con un grado de inconsciencia, que para mí es una virtud-;conoce mejor los códigos de la interpretación. Su personaje es muy complejo y con juegos dramáticos; es un reto nuevo y más difícil. Pero es un soldado disciplinado, un actor humilde y entregado a la causa».

El Mario al que se refiere la actriz es Mario Vargas Llosa, que a partir del miércoles 28 se enfrenta en el Teatro Español a su cuarta experiencia interpretativa, la más exigente, y la primera desde que recibiera el premio Nobel de Literatura. Vargas Llosa interpreta al duque Ugolino en «Los cuentos de la peste», una obra escrita por él mismo, e inspirada en el «Decamerón» de Bocaccio. Como en las tres ocasiones anteriores, la dirección es de Joan Ollé y a su lado está Aitana Sánchez-Gijón. El reparto de la función lo completan Pedro Casablanc, Marta Poveda y Óscar de la Fuente. La escenografía es de Sebastià Brossa, que ha transformado el patio de butacas en una suerte de ruedo.

Los elogios de Aitana Sánchez-Gijón hacia el actor Mario Vargas Llosa se vuelven reproches hacia el autor. No por su texto -«tiene un lenguaje exquisito»-, sino por su intransigencia. «Desde que le han dado el premio Nobel -dice la actriz medio en broma medio en serio-, no deja que metamos mano ni a una coma. Y antes era mucho más flexible». «Puedo demostrar matemáticamente que eso es una mentira flagrante -se defiende el escritor-; me han cambiado no sé cuántas líneas, cuántas palabras... Me han suprimido finales de escena...»

Mario Vargas Llosa tenía hace tiempo la idea de tomar como base el texto de Bocaccio para una pieza teatral en la que estuvieran Joan Ollé, Aitana Sánchéz-Gijón... Y él mismo. «¡Lo escribió pensando en interpretarlo él, segurísimo!», ríe Aitana. «Pensaba que me gustaría mucho interpretar el personaje de Ugolino, sí -reconoce Vargas Llosa-. Pero no era la preocupación central; la preocupación central era contar esa historia, que me daba vueltas desde hacía mucho tiempo».

Bocaccio escribió la peripecia de unos jóvenes que, huyendo de la peste que está asolando Florencia, se refugian en una villa cercana y se cuentan cuentos para pasar el tiempo. «Me fascina Bocaccio, y es una de las razones por las que es uno de los personajes en la obra. Es un hombre al que la peste lo cambia completamente. Era un hombre de bibliotecas, interesado por los clásicos, y probablemente sin la peste hubiera sido un escritor para escritores e intelectuales de alto nivel, y jamás hubiera escrito un libro como el "Decamerón". Se enfrentó a la muerte, a una sociedad que está desapareciendo, pudriéndose físicamente;al mismo tiempo, él cuenta como la peste descalabra todos los parámetros morales en los que había vivido la ciudad y todo el mundo sintió que podía hacer lo que quería, que no había prevenciones de tipo poético, de tipo moral para la conducta. Y al mismo tiempo que había esa muerte física había esa degeneración colectiva, resultado de la desesperación, de la inminencia de la muerte». Todo eso a él lo transformó en otro escritor; un escritor popular, sensible a las preocupaciones materiales incluso de la gente más humilde: campesinos, artesanos. Pero lo más maravilloso es que los cuentos están escritos con un lenguaje popular, irreverente, maleducado, y de una riquisima vitalidad. Y ese lenguaje está apuntado de alguna manera en mi texto;no es el mismo lenguaje, ni muchísimo menos, porque hubiera sido una obra criollista, que a mí no me gusta nada;pero sí hay un espíritu muy irreverente y popular».

«Ese espíritu transgresor e irreverente está en las historias pero no en cómo las cuenta, porque el lenguaje es exquisito -tercia Aitana Sánchez-Gijón-;no cae en la grosería, en la vulgarización. El texto es de una belleza impecable, y sin embargo muchos de los cuentos llegan a un límite de lujuria y de grosería; pero Mario sabe crear esas imágenes y esas situaciones con un lenguaje de una poética impresionante».

La puesta en escena muestra el erotismo de las historias con crudeza, según reconocen los dos. «La pornografía es el erotismo de mal gusto -dice Vargas Llosa-;y Joan en el montaje ha desvulgarizado la grosería, la ha embellecido con delicadeza». «Y le ha dado un punto de mucho humor, que ha potenciado el que está en el texto», concluye Aitana.
(Artículo de Julio Bravo aparecido en El ABC el 23-10-2015).


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