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EL 17 DE FEBRERO DE 1673 FALLECÍA MOLIÈRE ENCIMA DE UN ESCENARIO

17/02/15.-EL ENFERMO IMAGINARIO

"ARGAN. -La razón de que, encontrándome enfermo -porque yo estoy enfermo-, quiero tener un hijo
médico, pariente de médicos, para que entre todos busquen remedios a mi enfermedad. Quiero tener en
mi familia el manantial de recursos que me es tan necesario; quien me observe y me recete.
ANTONIA. -Eso es ponerse en razón. Cuando se discute pacíficamente, da gusto. Pero con la mano sobre
el corazón, señor, ¿es verdad que estáis enfermo?
ARGAN. -¡Cómo , granuja! ¿Qué si estoy enfermo?? ¿Si estoy malo, insolente?
ANTONIA. -Conforme, señor; estáis malo. No vayamos a pelearnos por eso. Estáis muy malo, lo reconozco;
mucho más malo de lo que os podéis figurar, estamos de acuerdo. Pero vuestra hija, al casarse, debe
tener un marido para ella, y estando buena y sana, ¿qué necesidad hay de casarla con un médico?
ARGAN. -Si el médico es para mí. Una buena hija debe sentirse dichosa casándose con un hombre que
pueda ser útil a la salud de su padre.
ANTONIA. -¿ Me permitís, señor, que os dé un consejo leal?
ARGAN. - ¿Qué consejo es ése?
ANTONIA -No volváis a pensar en ese matrimonio.
ARGAN. -¿Por qué?
ANTONIA. -Porque vuestra hija no consentirá con él.
ARGAN. -¿Que no consentirá?
ANTONIA. -No.
ARGAN. -¿Mi hija?
ANTONIA. -Vuestra hija, que no quiere oír habla del señor Diafoirus, ni de
su hijo, ni de ninguno de los Diafoirus que andan por el mundo.
ARGAN. -Pues yo sí. Además, esa boda es un gran partido. El señor
Diafoirus no tiene más hijo ni heredero que ese; y el señor Purgon, que es soltero, lega en favor de ese matrimonio sus ocho mil duros de renta.

(ANTONIA, la criada, ante la situación de que iban a casar a la hija de
ARGAN con un médico al que ella no quería, se hace pasar por médico para desacreditar al futuro yerno)

ANTONIA. -Soy médico ambulante, que va de pueblo en pueblo, de ciudad
en ciudad, buscando materiales para sus estudios: enfermos dignos de
ocupar mi atención y de emplear en ellos los grandes secretos de la
medicina, descubiertos por mí. Tengo a menos distraerme en menudencias,
en enfermedades vulgares, en bagatelas como reumatismos, fluxiones,
fiebres, vapores y jaquecas... Yo busco enfermedades verdaderamente importantes: grandes fiebres continuas, con trastornos cerebrales; buenos
tabardillos, grandes pestes, hidropesías ya formadas, pleuresías con
inflamación de pecho... ; esas son las enfermedades que a mí me gustan y
en las que triunfo. Ojalá tuvierais vos, señor, todas estas enfermedades
que acabo de nombraros y os hallarais abandonado de todos los médicos, desahuciado, en la agonía, para poderos demostrar las excelencias de mis remedios y el placer que experimentaría siéndoos útil.
ARGAN. -Os agradezco en extremo vuestras bondades.
ANTONIA. -Dadme la mano... ¿Quién es vuestro médico?
ARGAN. -El señor Purgon.
ANTONIA. -En mis anotaciones sobre las eminencias médicas no figura ese nombre. Según él, ¿qué
enfermedad tenéis?
ARGAN. -El dice que es el hígado; pero otros afirman que el bazo.
ANTONIA. -Son unos ignorantes. Vuestro padecimiento está en el pulmón.
ARGAN. -Justamente, el pulmón.
ANTONIA. -Sí. ¿Qué es lo que sentís?
ARGAN. -De cuando en cuando, dolor de cabeza.
ANTONIA. - Justamente, el pulmón.


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