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EL GOLFO MÁS AUTÉNTICO DE LA PICARESCA ESPAÑOLA

25/02/15.-A lo largo de la historia, un turbio ingrediente ha permanecido latente en la indiosincrasia española: la picaresca. Siempre aderezada con un toque satírico, este modo de ver la vida se ha perpetuado como un mal endémico durante generaciones. ¿Quién no ha llevado a cabo alguna vez un 'arreglillo'? Hasta el individuo más correcto habrá cometido alguna fechoría, incluso sin ni siquiera tener constancia de ello. Y es que ya lo dice el refrán: Hecha la ley, hecha la trampa.

Pero dentro de este escenario, hay sujetos que han convertido este cuestionable arte en un modo de vida. Es el caso del golfo, al que Pancracio Celdrán, padre de «El Gran Libro de los Insultos», publicado por la editorial La Esfera, define como un «sujeto que a su desfachatez y desahogo une cierta conducta marginal que roza la delincuencia». Aunque el insulto conoce un amplio abanico de variantes (golferas, golfante, golfín), todas ellas aluden al vividor y al tramposo que se desenvuelve bien en el mundo del hampa.

Dentro de estas diferentes formas léxicas, la más antigua es golfín. «Aparece en la Edad Media como sinónimo de ladrón que iba con otros en cuadrilla;salteador de caminos. Es voz documentada en el siglo XIII. En el Conde Lucanor (1335) equivale a estafador. En el Libro del caballero Zifar, del primer cuarto del siglo XIV se utiliza como sinónimo de malhechor que comete sus fechorías en los caminos», explica el autor. A raíz de este diminutivo surgió el vocablo que nos atañe. «Golfo es deformación posterior, con el valor semántico de pilluelo, pícaro, vagabundo y maleante de escasa entidad».

Julio Manegat, en su Spanish Show (1965), emplea así el término:

'Preferiría que el bar estuviera lleno de golfas que de maricas'.

Al igual que otra serie de ofensas, la carga ofensiva y el signifcado cambia si el aludido es en este caso una aludida. Golfa equivale a ramera. Así, por ejemplo, José Deleito escribe en La mala vida en la España de Felipe IV: '

A las prostituas de más baja condición social se las tildaba de golfas y rabizas'.

Siguiendo con las teorías del origen del apelativo, conviene resaltar este extracto que Pío Baroja escribe en Memorias y diarios (1948).

De 1890 a la guerra mundial de 1914, el repertorio de frases madrileñas cambió. Se inventó la palabra golfo, que tuvo un éxito verdaderamente extraordinario. Con el lugar común de la Prensa, se diría que esta palabra venía de llenar un hueco. Después, con la imaginación verbal y meridional, se hicieron muchas palabras a base de ella, y se habló de golfería, de golferencia, de golfante, etc.

El poeta madrileño de mediados del siglo XX, Emilio Carrere, dice en su descripción de Un patio de vecindad en la calle de la Fe:
Gandules a la bartola,
y a la luz de la farola
golfos jugando al juley,
y la estampa de la Lola
que es la moderna manola
con su peine de carey.
(Artículo de A.S. moya, publicado en El ABC el 25-02-2015).


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