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EL ARTE DE VENDER LIBROS

14/12/15.-Concedió tantas entrevistas, se habló tanto de su última novela, que ya no queda espacio para escribir de Jonathan Franzen. Fueron a entrevistarlo a su casa de Nueva York, a Santa Cruz, a Múnich. A Inés Martín Rodrigo le dijo en estas páginas que el periodismo es interesante, pero lo realmente importante es que él es «bueno» escribiendo novelas. Al «Financial Times» le vino a decir que siente ser tan bueno: vende tanto como los autores comerciales y escribe tan bien como los que no venden un libro. Ha pasado el ciclón Franzen y «Pureza» (Salamandra) ha colonizado las librerías. De tanto como habló, ahora el nombre del «gran novelista americano» solo sale en las listas de los libros más vendidos.

ESTE FRANZEN SABE CÓMO VENDER UN LIBRO. APRENDIÓ DE LA MEJOR: DE OPRAH WINFRY.

Con «Ciudad veintisiete» (Alfaguara), su debut en 1988, Franzen se descubrió como uno de los novelistas más prometedores. Pero no vendió ni las primeras 40.000 copias que imprimió su editorial, FSG. Su segundo libro, «Movimiento fuerte» (Alfaguara), tampoco tuvo éxito. «El principal error es que me pusieron una portada terrible», lamenta.

Franzen quería vender -ha reconocido que lo habría dejado si no hubiera sido un escritor exitoso- y encontró la fórmula: volver a Tolstói y Dickens. Como recuerda Eduardo Lago, el estadounidense concluyó que «en la era del entretenimiento, los novelistas llevan todas las de perder». Y escribió «Las correcciones» (Seix Barral), el fenómeno literario del nuevo milenio. Cuando Lorin Stein, por entonces un joven editor de FSG, terminó el libro y corrió a hablar con su jefe, Jonathan Galassi, no podía contener las lágrimas. La novela era una «obra maestra», según Galassi. Con «Las correcciones» Franzen vendió tres millones de ejemplares.

Al libro no le pudo ocurrir nada mejor: Oprah Winfrey lo eligió para recomendarlo en el club de lectura de su programa, el más visto en la historia de la televisión. Que ella alabara un libro tenía más impacto que un premio Pulitzer. En «Hothouse. The Art of Survival and de Survival of Art at America´s Most Celebrated Publishing House, Farrar, Straus & Giroux», Boris Kachka reproduce la primera conversación entre Franzen y Oprah.

-¿Jonathan?

-¿Sí?

-¡Oprah Winfrey!

-Ah. Hola. Reconozco tu voz de la televisión.

-Jonathan, me encanta tu libro, y lo vamos a elegir para el próximo club de lectura.

-Es fantástico. Mi editor se va a poner realmente contento.

El editor de FSG enseguida se hizo con el distintivo que acreditaba el aval del libro. Lo puso en un lugar de la portada, en otro, comprobando dónde quedaba mejor. ¿Y si lo pones por detrás?, preguntó Franzen. Él dudaba: ¿por qué el éxito de alguien cómo él debía depender de una estrella de la televisión?

Oprah Winfrey tenía previsto hacer el anuncio el 13 de septiembre de 2001, pero los atentados contra las Torres Gemelas lo retrasaron. FSG aprovechó para colocar el logo de la presentadora en la portada de una tirada de 680.000 copias. Franzen ganó 1,5 millones de dólares gracias al dedo divino de Oprah.
Antes de la bendición televisiva, el libro ya estaba en todas las librerías.

Cuando finalmente la presentadora recomendó «Las correcciones», el día 24, Franzen se encontraba en Misuri y seguía dudando. «La selección de Oprah probablemente no sentará bien a los escritores con los que me relaciono ni a quienes me han leído hasta ahora», dijo a la prensa. Franzen se sentía «confuso»: su mejor libro había sido tatuado de mala manera.

«¿Qué le pasa a este tío?», dijo Oprah cuando se enteró de las declaraciones de Franzen. Con lo sencillo que sería cancelar la entrevista que habían pactado. Galassi convenció al escritor de que acudiera al programa, pero su carta de disculpa llegó tarde. La presentadora no tenía ninguna intención de «hacer sentir incómodo a nadie ni causarle ningún conflicto». La «marca Oprah» siguió en la portada del libro. Fue una polémica rentable: Franzen vendió 150.000 ejemplares más por su desencuentro con la reina de la televisión.

Nueve años después, cuando publicó «Libertad» (Salamandra), el novelista volvió a escribir a Oprah para reconciliarse. Era la última temporada del programa y a la presentadora afroamericana, por entonces la celebridad más famosa del mundo, no había nada que le gustara más que una buena historia de redención. Se trataba de promocionar el libro, como le dijo Franzen a su pareja: «Creo que fue una de mis actuaciones más flojas. Pero era lo que había que hacer».

Cuatro meses antes, a Franzen la revista «Time» lo había coronado como el «gran novelista americano». Era el primer escritor en una década en salir en su portada, algo que han conseguido autores como J. D. Salinger, James Joyce, William Faulkner, Toni Morrison, Vladímir Nabokov o John Updike. Ocurrió así: la revista le solicitó una entrevista y Jonathan Franzen respondió que solo la concedería si lo sacaban en portada.

(Artículo de Juan G. Mora publicado en el ABC el 6-12-2015).


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