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HARPER LEE: EL RUISEÑOR QUE CALLÓ

22/02/16.-El pasado 19 de febrero murió la escritora Harper Lee, de 89 años. Se fue de manera discreta y en silencio, como había vivido prácticamente desde los años 60, poco después de la publicación de su exitosa novela, Matar a un ruiseñor (1960), ganadora de un premio Pullitzer y una fantástica adaptación cinematográfica estelarizada por Gregory Peck.

Dicen que el éxito la tomó por sorpresa y de ahí se puede explicar su reclusión del mundo; se le compara con JD Salinger en cuanto a su comportamiento: autores de obra escasa, con un gran éxito, luego del cual deciden guardar silencio.

"Nunca esperé ningún tipo de éxito con Matar a un ruiseñor. Esperaba una muerte piadosa a manos de los críticos, pero al mismo tiempo esperaba que a alguien le gustara lo suficiente para alentarme", comentó Lee en una entrevista, en 1964.

Lee nunca se casó ni tuvo hijos. Murió mientras dormía en su casa de Monroeville, Alabama, su pueblo natal.

Nelle Harper Lee nació el 28 de abril de 1926, en Monroeville, Alabama. Fue la más pequeña de cuatro hermanos. En esos años de infancia, se le describe con rasgos de personalidad cercanos a los de un niño (el término utilizado en inglés es tomboy). Se dice que era más ruda que muchos niños, de tal manera que pudo cuidar de su amigo de infancia, el también escritor Truman Capote, quien era ridiculizado por su sensibilidad y su forma de vestirse.

El padre de Lee era abogado (como el personaje de su primera novela, Atticus), miembro de la legislatura de Alabama y dueño del periódico local. La madre de la autora padecía una enfermedad mental, se cree que era bipolar y nunca salía de casa. La tendencia al aislamiento es algo que Lee cargaría toda su vida, aunque durante sus años de universidad, realizó intentos por tener una vida social.

Matar a un ruiseñor es considerada un clásico de la literatura. La trama se desarrolla en un pueblo de Alabama y gira en torno a un abogado, Atticus Finch, que defiende a un muchacho afroamericano acusado de violación a una mujer blanca, en un sur de Estados Unidos cargado de racismo. La narración ocurre a través de los ojos de una niña de 10 años conocida como Scout.

El ruiseñor es sinónimo de inocencia y es uno de los temas principales del libro: es pecado matar a un ruiseñor, porque ellos no hacen nada más que cantar para que nosotros disfrutemos su canto.

Matar a un ruiseñor ha vendido 30 millones de ejemplares desde su publicación.

Recientemente, se publicó una segunda novela titulada Ve y pon un centinela (2015), una especie de secuela de la primer novela, donde el personaje principal regresa al pueblo donde nació y se encuentra con un Atticus racista. El cambio, desde luego, creó polémica

La publicación se dio bajo circunstancias sospechosas. Resulta que el año pasado, Tonja Carter, abogada del bufete AC Lee (fundado por el padre de la escritora), descubrió un manuscrito que había sido creado antes de Matar a un ruiseñor. Carter negoció un contrato con Harper Collins y se tiraron dos millones de ejemplares.

Otros dicen que Lee estaba perfectamente lúcida y sabía lo que hacía. Ahora bien, no era la primera vez que Lee estaba envuelta en polémica, pues resulta que por mucho tiempo se dudó que la literata hubiera escrito Matar a un ruiseñor; se decía que su amigo de la infancia, Truman Capote, la había ayudado.

LA MAESTRA DE UN SOLO CLÁSICO

No recuerdo cómo ni por qué cayó en mis manos Matar a un ruiseñor. Eran los años de la secundaria, años difíciles, solitarios. En manos de Harper Lee puse mi cordura, la cordura de una adolescente en plena guerra.

No pude evitar hacer paralelismos entre mi vida y la novela. Scout, la protagonista, apenas una versión disfrazada de la propia Lee, era una niña muy parecida a la que fui: una tomboy que no seguía órdenes y que sobrevivía gracias a la paciencia y el amor de sus adultos.

Como Scout, yo soy hija de un abogado. El inolvidable Atticus Finch es el corazón y sangre de la novela; un letrado incorruptible al que le cae en suerte el caso de un joven negro al que acusan de la violación de una mujer blanca.

Atticus le enseña a sus hijos, Jem y Scout, a tratar a todo mundo con justicia, a caminar por ahí unos metros con sus zapatos, como les dice en uno de los fragmentos más conmovedores. Les enseña, pues, el arte de la empatía.

Niña complicada, el mensaje de Matar a un ruiseñor me cayó como nueva vida. Me enseñó que yo no estaba sola sino que, caminando sobre los zapatos de los demás, uno podía entender a los otros, quererlos, inclusive, como hermanos de una misma pena (o alegría).

Lee volcó en ese, su único libro durante décadas y décadas, toda su infancia, sus recuerdos del sur estadounidense, su amistad con Truman Capote (que en la novela aparece como Dill, el exquisito niño que vive en la casa de al lado) y su convicción de que aun en las circunstancias más aciagas se puede recurrir a la compasión.

Mi personaje favorito es Boo Radley, un adulto que vive recluido en su propia casa. En sus últimos años, Lee se convirtió en una especie de Boo, alejada de toda fama.

(Noticia de Concepción Moreno publicada en El Economista el 21-02-2016).


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